Monday, September 07, 2009

Política y pensamiento crítico

En realidad detesto publicar textos que no sean míos, a menos que haya habido alguna contribución personal al mismo, por ejemplo la traducción. Pero en este caso, me pareció que el texto que a continuación presento es una visión de lo que debe ser el pensamiento crítico aplicado a los asuntos públicos: una invitación a pensar que una sociedad mejor es posible y que ésta no va a llegar insistiendo en aplaudir la inmovilidad. También quiero aprovechar para dejar patente que me gusta la forma en que Denise Dresser escribe, pero ha habido algunas ocasiones en las que no he coincidido con su opinión. Sin embargo esta vez estoy dispuesto a suscribir la totalidad de las palabras contenidas en este artículo.

La declaración de Felipe Calderón a la que hace referencia la autora puede leerse aquí.

El artículo que transcribo apareció en la revista proceso. Las partes marcadas en negritas fueron las que más me gustaron. Lo demás lo dejo para los comentarios

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Llamado a hablar mal de México
(Enlace: http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=71931)
DENISE DRESSER
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Y en los tiempos oscuros, ¿habrá canto?
Sí. Habrá el canto sobre los tiempos oscuros.
Bertolt Brecht
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Hace unos días, el presidente Felipe Calderón criticó a los críticos y convocó a hablar bien de México: "Hablar bien de México, de las ventajas que México tiene… es la manera de construir, precisamente, el futuro del país". Y de allí, siguiendo su propio exhorto, pasó a congratularse porque la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes aquí es más baja que en Colombia, Brasil, El Salvador o Nueva Orleáns. Las ventajas de México quedarán claras cuando decidamos hablar bien del país, concluyó.

Escribo ahora para pedirte –lector o lectora– que hagas exactamente lo contrario a lo que el Presidente exige. Escribo ahora para recordarte que el estoicismo, la resignación, la complicidad, el silencio, y la impasibilidad de tantos explican por qué un país tan majestuoso como México ha sido tan mal gobernado. Es la tarea del ciudadano, como lo apuntaba Günter Grass, vivir con la boca abierta. Hablar bien de los ríos claros y transparentes, pero hablar mal de los políticos opacos y tramposos; hablar bien de los árboles erguidos y frondosos pero hablar mal de las instituciones torcidas y corrompidas; hablar bien del país pero hablar mal de quienes se lo han embolsado.

El oficio de ser un buen ciudadano parte del compromiso de llamar a las cosas por su nombre. De descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. De decirle a los corruptos que lo han sido; de decirle a los abusivos que deberían dejar de serlo; de decirle a quienes han expoliado al país que no tienen derecho a seguir haciéndolo; de mirar a México con la honestidad que necesita; de mostrar que somos mejores que nuestra clase política y no tenemos el gobierno que merecemos. De vivir anclado en la indignación permanente: criticando, proponiendo, sacudiendo. De alzar la vara de medición. De convertirte en autor de un lenguaje que intenta decirle la verdad al poder. Porque hay pocas cosas peores –como lo advertía Martin Luther King– que el apabullante silencio de la gente buena. Ser ciudadano requiere entender que la obligación intelectual mayor es rendirle tributo a tu país a través de la crítica.

Ahora bien, ser un buen ciudadano en México no es una tarea fácil. Implica tolerar los vituperios de quienes te exigen que te pases el alto, cuando insistes en pararte allí. Implica resistir las burlas de quienes te rodean cuando admites que pagas impuestos, porque lo consideras una obligación moral. Lleva con frecuencia a la sensación de desesperación ante el poder omnipresente de los medios, la gerontocracia sindical, los empresarios resistentes al cambio, los empeñados en proteger sus privilegios.

Aun así me parece que hay un gran valor en el espíritu de oposición permanente y constructiva versus el acomodamiento fácil. Hay algo intelectual y moralmente poderoso en disentir del statu quo y encabezar la lucha por la representación de quienes no tienen voz en su propio país. Como apunta el escritor J.M. Coetzee, cuando algunos hombres sufren injustamente, es el destino de quienes son testigos de su sufrimiento padecer la humillación de presenciarlo. Por ello se vuelve imperativo criticar la corrupción, defender a los débiles, retar a la autoridad imperfecta u opresiva. Por ello se vuelve fundamental seguir denunciando las casas de Arturo Montiel y los pasaportes falsos de Raúl Salinas de Gortari y las mentiras de Mario Marín y los abusos de Carlos Romero Deschamps y el escandaloso Partido Verde y los niños muertos de la guardería ABC y los cinco millones de pobres más.

No se trata de desempeñar el papel de quejumbroso y plañidero o erigirse en la Casandra que nadie quiere oír. No se trata de llevar a cabo una crítica rutinaria, monocromática, predecible. Más bien un buen ciudadano busca mantener vivas las aspiraciones eternas de verdad y justicia en un sistema político que se burla de ellas. Sabe que el suyo debe ser un papel puntiagudo, punzante, cuestionador. Sabe que le corresponde hacer las preguntas difíciles, confrontar la ortodoxia, enfrentar el dogma. Sabe que debe asumirse como alguien cuya razón de ser es representar a las personas y a las causas que muchos preferirían ignorar. Sabe que todos los seres humanos tienen derecho a aspirar a ciertos estándares decentes de comportamiento de parte del gobierno. Y sabe que la violación de esos estándares debe ser detectada y denunciada: hablando, escribiendo, participando, diagnosticando un problema o fundando una ONG para lidiar con él.

Ser un buen ciudadano en México es una vocación que requiere compromiso y osadía. Es tener el valor de creer en algo profundamente y estar dispuesto a convencer a los demás sobre ello. Es retar de manera continua las medias verdades, la mediocridad, la corrección política, la mendacidad. Es resistir la cooptación. Es vivir produciendo pequeños shocks y terremotos y sacudidas. Vivir generando incomodidad. Vivir en alerta constante. Vivir sin bajar la guardia. Vivir alterando, milímetro tras milímetro, la percepción de la realidad para así cambiarla. Vivir, como lo sugería George Orwell, diciéndoles a los demás lo que no quieren oír.

Quienes hacen suyo el oficio de disentir no están en busca del avance material, del avance personal o de una relación cercana con un diputado o un delegado o un presidente municipal o un Secretario de Estado o un Presidente. Viven en ese lugar habitado por quienes entienden que ningún poder es demasiado grande para ser criticado. El oficio de ser incómodo no trae consigo privilegios ni reconocimiento, ni premios, ni honores. Uno se vuelve la persona que nadie sabe en realidad si debe ser invitada, o el colaborador de una revista a la cual le recortan la publicidad.

Pero el ciudadano crítico debe poseer una gran capacidad para resistir las imágenes convencionales, las narrativas oficiales, las justificaciones circuladas por televisoras poderosas o Presidentes porristas. La tarea que le toca –te toca– precisamente es la de desenmascarar versiones alternativas y desenterrar lo olvidado. No es una tarea fácil porque implica estar parado siempre del lado de los que no tienen quién los represente, escribe Edward Said. Y no por idealismo romántico, sino por el compromiso con formar parte del equipo de rescate de un país secuestrado por gobernadores venales y líderes sindicales corruptos y monopolistas rapaces. Aunque la voz del crítico es solitaria, adquiere resonancia en la medida en la que es capaz de articular la realidad de un movimiento o las aspiraciones de un grupo. Es una voz que nos recuerda aquello que está escrito en la tumba de Sigmund Freud en Viena: "la voz de la razón es pequeña pero muy persistente".

Vivir así tiene una extraordinaria ventaja: la libertad. El enorme placer de pensar por uno mismo. Eso que te lleva a ver las cosas no simplemente como son, sino por qué llegaron a ser de esa manera. Cuando asumes el pensamiento crítico, no percibes a la realidad como un hecho dado, inamovible, incambiable, sino como una situación contingente, resultado de decisiones humanas. La crisis del país se convierte en algo que es posible revertir, que es posible alterar mediante la acción decidida y el debate público intenso. La crítica se convierte en una forma de abastecer la esperanza en el país posible. Hablar mal de México se vuelve una forma de aspirar al país mejor.

Esta es una posición vital extraordinariamente útil pero heterodoxa en un lugar que cambia pero muy lentamente debido a la complicidad de sus habitantes y sus gobernantes. Porque hay tantos que parten de la premisa: "así es México". Tantos que parten de la inevitabilidad. Tantos que parten de la conformidad. Ya lo decía Octavio Paz: "Y si no somos todos estoicos e impasibles –como Juárez y Cuauhtémoc– al menos procuramos ser resignados, pacientes y sufridos. La resignación es una de nuestras virtudes populares. Más que el brillo de nuestras victorias nos conmueve nuestra entereza ante la adversidad". Allí está nuestro conformismo con la corrupción cuando es compartida. Nuestra propensión a compararnos hacia abajo y congratularnos –como lo hace Felipe Calderón– porque por lo menos México no es tan violento como la ciudad de Nueva Orleáns.

Ante esa propensión al conformismo te invito a hablar mal de México. A formar parte de los ciudadanos que se rehúsan a aceptar la lógica compartida del "por lo menos". A los que ejercen a cabalidad el oficio de la ciudadanía crítica. A los que alzan un espejo para que un país pueda verse a sí mismo tal y como es. A los que dicen "no". A los que resisten el uso arbitrario de la autoridad. A los que asumen el reto de la inteligencia libre. A los que piensan diferente. A los que declaran que el emperador está desnudo. A los que se involucran en causas y en temas y en movimientos más grandes que sí mismos. A los que en tiempos de grandes disyuntivas éticas no permanecen neutrales. A los que se niegan a ser espectadores de la injusticia o la estupidez. A los que critican a México porque están cansados de aquello que Carlos Pellicer llamó "el esplendor ausente". A los que cantan en la oscuridad porque es la única forma de iluminarla.

13 comments:

Kyuuketsuki said...

Criticar como se puede hacerlo en un artículo científico. Criticar cuando es necesario hacerlo. Cuestionarse todo, aún los más mínimos detalles, para saber cómo funciona algo o por qué no funciona.

W said...

Mi Toñejo:

Me llamó tanto la atención el título de tu post.... y pensé: ¿Cómo es que el Toñejo juntó ambos temas?.... jajaja... ya vi cómo....

No puedo estar más de acuerdo con la Dresser.... en este caso : "calladitos no nos vemos más bonitos"....

Sigamos.... como siempre.... más que siempre.... nunca hemos (por lo menos de mi parte) esperado premios ni honores....

Yo digo.... por nuestros hijos...

W
PD ¿Me vas a decir cuáles son tus razones para no escribir como antes?

Kyuuketsuki said...

Perdón, dejé incompleto el comentario; lo único que me faltaba de agregar es: aplicar el método científico, pues, a la política. Sería una gran garantía para lograr que las cosas funcionaran. Falta ver cuántos están dispuestos a hacerlo.

Ego said...

¡Exacto! En mi familia siempre me han criticado por ser criticón, pero si me quejo es porque creo que las cosas pueden estar mejores, no porque sea "pesimista", sino al contrario. Amar a la patria es querer que sea mejor, no enorgullecerse de sus defectos.

Antonio said...

Kyuuketsuki: Correcto.

Otra forma de decirlo. En un país democrático, lo menos que tiene que hacer una sociedad es aplicar a los asuntos públicos, el mismo sentido crítico que debería aplicar al comprar un auto usado.

Las declaraciones de Felipe Calderón tienen mucho sentido en un país en el que la mayoría sienta que las decisiones públicas deben quedar en manos de una casta que está ahí para mandar, equivocarse, y volver a mandar, a un pueblo que sólo está ahí para obedecer y quejarse en lo oscurito.

W: Tengo la idea de que alguna vez lo comentamos, pero me ocurre que cuando escribo, siento que los textos no son suficientemente buenos y mejor los descarto. Tal vez debería ser un poco más espontáneo.

Ego: Me pasa igual. La gente tiende a asociar "crítico" con "pesimista". No entiendo la razón.

Un Abrazo

Kix said...

Ah, qué bien, precisamente escuché a Dresser mencionar este artículo y pensaba buscarlo para leerlo, qué bueno que lo pones aquí. Todo esto vino a colación porque el presidente tiene una aceptación aprobatoria según las últimas encuestas, y justamente Denise supone que es debido a la cultura del "por lo menos", es decir "bueno por lo menos este presidente está luchando por los narcos" bueno, "por lo menos se ve que le está echando ganas", y ella critica justamente esa posición pues por el "por lo menos" es que no tenemos una capacidad de exigir cuentas.

Super interesante!

Antonio said...

Kix: Sí. A mí el artículo me lo comentó mi papá por teléfono, lo busqué y lo leí.

Un Abrazo

dull said...

Llegue tarde… como siempre.

La intención de Calderón me parece muy buena y en un buen momento, sobre todo porque el país esta polarizado, sumido en crisis y envuelta en críticas destructivas y ataques de quienes están en el poder y al mismo poder atacan.
Y Dresser también tiene razón en llamar al buen juicio y a la crítica racional.

El problema es que el Mexicano, aunque suele tener buenos valores morales y civiles, suele también practicar el sedentarismo mental. No por nada surgió el mote de “agachados”, tenemos una capacidad de aguante que ralla en lo masoquista, sea cual sea el tema, muchos son temas tabúes para el mexicano. La religión, la política y el futbol suelen rasgar pieles muy delgadas.

Pero afortunadamente habemos muchos criticones que sabemos que las cosas pueden ser mejores, o pueden dejar de ser falsas o modificarse.

Por eso en lo personal me gusta compartir opiniones, visitar sitios críticos y blog como este y demás banda.

“no debemos acostumbrarnos a lo bueno ni a lo malo”… decía Serrat

Un abrazo.

Antonio said...

Dull: Entiendo a Calderón, porque siempre es feo que te critiquen. Recuerdo unos spots de Fox hacia el final de su mandato, en los que se quejaba de que los medios lo atacaban, pero decía que a él lo elegimos como presidente de un país democrático, y no como emperador o dictador, así que estaba dispuesto a aceptar la crítica aunque le doliera. Claro que a Fox le tocó beneficiarse de una buena situación económica mundial.

Pero ya que mencionas que el país está polarizado, conviene recordar que Calderón fue un opositor crítico en su momento, y un fuerte crítico de su más fuerte oponente en la contienda para la presidencia. Tanto la actitud crítica hacia el gobierno como la polarización estuvieron alguna vez en sus manos y entonces no tuvo empacho en ejercer la crítica que consideró necesaria.

Un Abrazo.

Ribozyme said...

Un problema recurrente que he observado yo es que aún entre escépticos la crítica no es pareja. Es casi un lugar común el que los escépticos mexicanos que bloguean sean izquierdistas. Yo mismo me considero de izquierda en mis ideales, pero el problema radica en que se asume que al tener ideales de izquierda uno debe automáticamente apoyar a los partidos de supuesta izquierda que hay en el país, y existe una especie de omertá hacia hacer críticas a dichos partidos. Yo he vivido bajo dos regímenes PRDistas, Cárdenas, Robles, y AMLO, en el DF, Amalia García en Zacatecas (Ricardo Monreal, anterior gobernador, su acérrimo enemigo, corruptazo y cuasi-cacique zacatecano ahora se mudó al PT), y una cosa es lo que dicen y otra la que hacen. Nada que ver con los partidos de izquierda europeos. Sus orígenes PRIístas son patentes en sus posturas dogmáticas, autoritarismo e incuestionabilidad moral, por no hablar de verborrea demagógica. En el DF la situación es bastante mejor en cuanto al ejercicio del gobierno que en Zacatecas, pero hay que recordar que el gobierno del DF no es más que una plataforma para intentar llegar a la presidencia de la república, así que se trata de hacer obras de relumbrón, pero el metro sigue dando un servicio pésimo, con frecuentes fallas, y trenes abarrotados (no ponen más aunque saben que en las horas pico son necesarios), hay una enorme inseguridad en las calles y el transporte público, las calles y vías rápidas están llenas de baches y cada vez que cae una lluvia fuerte hay inundaciones serias... ¡Ah! Y no olvidemos a los comerciantes ambulantes y los del metro...

Conste que no estoy diciendo que los PANistas y PRIístas sean mejores. Todos son iguales de marranos. Pero, insisto, hay una especie de ceguera crítica voluntaria cuando se trata del desempeño de los partidos que se autodenominan de izquierda.


el Mexicano, aunque suele tener buenos valores morales y civiles

La neta que no. Esos supuestos valores sólo son de forma, no de fondo. Pensamos muy seriamente en valores y criticamos a los que los violan, pero siempre tenemos la actitud de que dichas normas son para los demás, nunca para uno. Vivimos en un régimen de excepción. Siempre esperamos que con nosotros se haga una excepción a las normas, porque somos tan chingones y nos lo merecemos. Así, si alguien se estaciona en doble fila o lugar prohibido (o, como acostumbran los zacatecanos, arriba de las banquetas; que se joda el peatón por no ser tan chingón como ellos y no tener carro), bloquea accesos, se vuela luces rojas, da mordida, se nos cierra con el carro, se brinca las filas, no paga impuestos, etc., es un hijo de la chingada, pero si uno es el que lo hace ¡Ah, que listo es uno! Y ¡Cuidadito el que se atreva a criticarlo! La verdad es que no nos cansamos de criticar a gobiernos que en realidad están hechos a nuestra imagen y semejanza, pero también es una realidad el que mientras nosotros no cambiemos, ellos no cambiarán. Aparte, le echamos la culpa de todo al gobierno, actitud muy típica de un pueblo acostumbrado a ser mandado por élites en lugar de actuar y responsabilizarse de sus acciones, resultado de la colonia española, y aún seguimos anhelando caudillos salvadores como los del siglo XIX (que hicieron más mugrero que otra cosa; aún así, Santa Anna ocupó varias veces la presidencia de la república). Lo que le reclamamos por lo general al gobierno es que no está siendo nuestro salvador, y que "no nos dé más" (por eso la táctica PRIísta del acarreo, con regalo de tortas, despensas, cobijas, atención médica, e incluso la finalización de trámites atorados, sigue siendo muy socorrida en las campañas políticas... y de todos los partidos).

Ribozyme said...

conviene recordar que Calderón fue un opositor crítico en su momento, y un fuerte crítico de su más fuerte oponente en la contienda para la presidencia

Así les pasa cuando se hacen del poder. Se les olvida lo que alguna vez fueron y propusieron. Yo recuerdo cuando el PAN se levantó contra la dictablanda del PRI en Chihuahua. Sus principales figuras eran personas honestas y trabajadoras, con buenas intenciones y principios. Ahora el PAN se ha convertido en una versión más torpe del PRIísmo y las posturas mochas de la ultraderecha. Como alguna vez que comentábamos sobre Fox, dijo un amigo "Fox se convirtió en una tepocata". Calderón y cía. seguramente son también tepocatas, sólo que bastante más hábiles que Fox para no exhibir sus pies de barro... Y aún así...

Antonio said...

Ribozyme: No entiendo si sólo tratas de equilibrar, pero si te refieres a Denise Dresser, ella en particular fue dura crítica del peje durante el conflicto post-electoral.

Hay que ver que en este escrito, no hay crítica directa, sino defensa de la actitud crítica. Si acaso el párrafo:

"Por ello se vuelve fundamental seguir denunciando las casas de Arturo Montiel y los pasaportes falsos de Raúl Salinas de Gortari y las mentiras de Mario Marín y los abusos de Carlos Romero Deschamps y el escandaloso Partido Verde y los niños muertos de la guardería ABC y los cinco millones de pobres más."

Tiene algo de crítica a modo de ejemplo, en la que efectivamente no se menciona al peje ni al PRD (que ya no son la misma cosa) como tampoco al PAN o al PANAL (que ). Sin embargo la crítica a la izquierda debería estar ahí: hay un líder sindical, personajes de un partido que se llama revolucionario, y un partido verde, denominación que en otros países está relacionada con la izquierda. En el espectro político, ese ejemplo cubre el 95% de la izquierda, o por lo menos de lo que debería ser izquierda en México, pero cuya denominación está diluida en 2 partidos que en estos momentos se dirigen rápidamente a un sólo dígito de representación porcentual del electorado.

Un Abrazo

Anonymous said...

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